jueves, 16 de octubre de 2014

Café cortado





Pido un café (cortado). Apuntar que es cortado es importante, ya que eso implica que la taza es pequeña. El camarero me lo sirve y sale de la barra, se pone a mi lado y da vueltas a mi café con una cucharilla demasiado grande. Me siento incómoda. Le digo que pare, que ya lo hago yo, que es mi café. Él deja de dar vueltas y me dice que ni siquiera ha echado el azúcar. 


jueves, 9 de octubre de 2014

Moscas en la bañera




Niña, no te duches, no te laves entera, no hace falta, acércate aquí
lávate la cara

Me miro en el espejo. Tengo sangre el ojo izquierdo. Un punto rojo debajo del iris. Un hilillo de sangre sale de él. Me asusto. 

Soy mucho más arrogante que eso. Cierro la puerta del baño y me meto en la bañera. Pronto me doy cuenta de que he pisado algo. Hay un montón de moscas en el suelo de la bañera. Se resbalan, no pueden salir, pero tampoco hacen por volar. 

No hacen por volar estas moscas que llenan la bañera. Me tengo que lavar. Es mi única obsesión y no entiendo por qué mi abuela le ha quitado importancia. 

Justifico lo que voy a hacer. Son ellas o yo. Alguien tiene que hacer algo. Si no lo hago yo, será quien venga después. Así que tapo el sumidero y echo el agua. 

Van a morir todas ahogadas, aunque podría evitarlo, como he hecho muchas veces en la piscina. Podría coger las moscas mojadas con mis manos y lanzarlas por la ventana. Podría pasar algo por encima para recogerlas. Recojo una sábana negra para ello.

Pero cuando tengo la sábana negra en mis manos y me dispongo a recoger las moscas, cambio de opinión. Me justifico con teorías que he escuchado por ahí sobre los insectos. Que si son muchos, que si no sienten. No recuerdo muy bien todo lo que pasa por mi cabeza, pero sí recuerdo que muchas de ellas las he leído en perfiles de Facebook. 

Lo que hago es cubrir el agua con la sábana. Quitó el tapón. El agua baja, y todas las moscas quedan recogidas en un montón taponando el sumidero. Recojo ese montón con la sábana y hago una bola. La sábana está muy mojada y pesa mucho. 

Abro la ventana del baño. Debajo, en el patio, está mi abuela, y un poco más alejados, otros miembros de mi familia. Lanzo la sábana. Estoy enfadada porque la bañera estaba llena de moscas.

Mi abuela insiste. Dice que soy muy cabezona con esta obsesión mía por ducharme. Y admite que sí, que últimamente entran muchas moscas voladoras en casa. Será por el calor. Moscas voladoras. Me hace gracia que recalque que son voladoras, cuando todas las moscas lo son y estas en concreto no han hecho por volar. 

Lanzo la sábana.

Al caer, con el impacto se abre y botan algunas de las moscas. Da la falsa sensación de que han salido volando. 

Esa falsa sensación de verlas vivas, me hace sentir bien por un momento. Vuelvo a justificar lo que he hecho. 

Me vuelvo a mirar en el espejo. Ya no tengo sangre.




miércoles, 8 de octubre de 2014

Voy a aprender a vivir desde esta noche

Juan Casado




Se está dejando derramar mucha agua. La oigo caer. Contengo el llanto yo,
al contrario.
La inundación proviene de otra casa.



martes, 7 de octubre de 2014

Ice blue

Hoy he soñado mucho. Un sueño muy largo, muy tipo Broadchurch, con muchos personajes y todos implicados en algo. Ya lo contaré. Voy a volver a contar mis sueños. Ayer estuve ojeando Un mundo propio de Graham Greene y me volvieron las ganas. 

Bueno, de momento solo quería comentar una parte del sueño.

Hay mucha gente en un patio de vecinos. Estamos preparando una fiesta. Creo que la fiesta la organiza Javi, porque tiene mucha presencia en el sueño, e incluso la casa en la que cocinamos es de su familia, pero todos los invitados son en realidad amigos míos. Durante la fiesta se organiza un karaoke y de repente me veo con un micro, aunque no tenía intención de cantar. De todas formas, como que me crezco y voy al catálogo de canciones y busco rápidamente las canciones disponibles de Lana del Rey. Hay pocas, solo tres o cuatro, y elijo la que no conozco: una que se titula Ice blue. Se lo digo al chico que se está ecargando de poner las canciones, pero se equivoca y pone otra. Se equivoca muchas veces. Pone a Britney Spears en su lugar. Yo le digo que da igual, que ya canto esa misma, y salta What a girl wants de Christina Aguilera en español. Le digo que ni hablar. Volvemos a intentarlo con Lana, pero sigue sin poderse y el chico se pone nervioso. Se enfada conmigo porque me he puesto muy especial, que los karaokes no funcionan así. Que tenía que haber cantado lo que fuera y ya está, que no tiene gracia si cada uno elige su canción. Se enfada muchísimo, se pone muy desagradable. Hay quien le dice que no se ponga así conmigo, que yo solo estaba eligiendo una canción: que el que se estaba equivocando al ponerla ha sido él, no yo. En cualquier caso, se enfada mucho conmigo y se va de la fiesta.




No existe ninguna canción de Lana del Rey que se titule Ice blue. Creo que en mi cabeza se mezclaron partes de This is what makes us girls, ya que en un momento de la canción dice "Pabst Blue Ribbon on ice". Y por eso lo del Ice blue y la canción con título parecido de Christina Aguilera.



lunes, 6 de octubre de 2014

En Logroño me duele mucho más la regla. Madrid II


Valle Camacho



En Logroño la regla me duele mucho más. Es una locura eso. No me puedo ni mover, y refunfuño y lloro y pataleo como una niña, porque me cago en dios. En fin, que me duele mucho. Hace tres meses, durante mi regla de julio, lo dejé claro en público con un post que escribí en mi Facebook y que decía algo así como "puta regla puta puta regla puta...". La gente, mis amigos de Facebook, sobre todo mujeres que comprendían mi dolor, empezó a comentar sugiriéndome diversos modos de paliar ese dolor: infusión de albahaca, ibuprofeno, cómo no, y otras medicinas naturales y no. Gabriela Collado (o Maga Viajera para quienes la conocen como blogger), al margen de pastillas, hierbas y otros remedios externos, me habló de conciencia, mente, etc. No le entendí muy bien y ahora no puedo parafrasearla porque borré mi perfil de FB, pero creo que sé por dónde van los tiros y ahora os diré por qué. Al mes siguiente, la regla apareció en Valladolid. Estuve pasando un fin de semana en casa de Dre porque me habían invitado a participar en un evento de poesía en Rueda. El domingo me despertó el dolor (aloha) y pensé: no te puede doler aquí (en Valladolid, me refiero, no a los ovarios). No te puede doler. No vas a estar lloriqueando en casa de Dre. Así que respiré profundo, me tomé un ibuprofeno, y empecé a pensar en mis ovarios y a quererlos a pesar de todo porque ellos solo están haciendo su trabajo. No me dolió en todo el día. El mes pasado, fue diferente. Creo que ha sido la peor regla de mi vida. El síndrome premenstrual fue terrible. Yo pensaba que me quería morir. La verdad es que septiembre fue un mes de mierda. Empezó guay porque me llamaron de dos puestos de trabajo ideales para mí y me pareció que las entrevistas fueron guay también. Así empezó la semana del 1. Pero luego no llamaron, luego el tema del dinero y las facturas póstumas que sigue generando La Plaquette, trabajos de corrección que no cubren la cuota de autónomos, todo el tema de Origami y su puta madre, y luego pues todo, claro, porque cuando te da el bajón es todo, y todo mal, muy mal. Así que la regla vino por todo lo alto. Con una contractura muscular en la espalda que estuvo quitándome la vida, y una ansiedad como para haberme arrancado el pelo a puñados. Fui a urgencias porque ya no podía más. Y os prometo que aguanto muy bien el dolor, pero lo de la espalda impedida fue ya el colmo. Y nada, que era ansiedad, y punto. Que te tomes un valium, te tranquilices y te vayas a casa. O a tu médica de cabecera, que ya te conoce como la paciente Drama Queen y te pregunta con una sonrisa: "¿pero tienes problemas de verdad o te los creas tú misma?" y después te receta Lexatin. Pasé un septiembre tan, tan, triste, joder. Y era como: a ver,  no puedo permitirme caer en una depresión. Si caigo en una depresión ahora, no me iré de Logroño nunca. Eso es lo que pensaba. Así que bueno, sin dinero, con una tristeza absoluta y una caja de lexatines sin abrir en el bolso, me cogí un bus a la mejor terapia posible: pasar unos días con Pat y Dre y maquetar La Fanzine. Después, pues ya sabéis.Terminé septiembre en Valladolid y después me llamaron de uno de los curros ideales para los que hice entrevista a primeros de septiembre y me vine a Madrid. Vamos, que la regla de este mes me ha pillado en Madrid, con calma, con trabajo, en un ambiente que me gusta, y, en definitiva, me ha pillado feliz. Así que no ha dolido. Así de fácil. No ha tenido nada que ver con la alimentación, porque la verdad es que he comido muy mal esta semana, sin pasta y con horarios cambiantes; ni con las pastillas, porque no tengo ibuprofeno ni antalgin aquí. La tristeza y la ansiedad me las han curado solamente las circunstancias. No he notado síndrome premenstrual, solo una pequeña molestia en los ovarios. Por eso digo que ahora creo que he entendido lo que me comentó Gabriela en Facebook. Que mi dolor no me lo produce la regla, no me lo produce mi propio cuerpo. Me lo produzco yo, como me dice mi médica. No me puedo frustrar tan fácilmente porque no me cojan para un trabajo, me queden cosas por pagar, descataloguen mis libros o no pueda escapar de Logroño. Imagino que al final todo tiene solución. Para empezar ya he tachado dos cosas: tengo trabajo y he podido escapar de Logroño. 


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